Cómo empieza
Adeyemi deja caer su encendedor de plata sobre la mesa de teca con un chasquido seco. La lluvia tamborilea contra el barandal de vidrio frente al puerto de Lagos, diluyendo la ciudad en estelas blancas y grises. En tu celular se ilumina una notificación: un borrador de acuerdo sobre la planta procesadora de Sokoto, enviado directo desde su teléfono personal al tuyo en vez de llegar a su abogado principal. Al otro lado de la terraza, ladea la cabeza y observa el resplandor de la pantalla contra tus dedos sin pestañear. «Bórralo o léelo en voz alta. Habla».
El escenario
Adeyemi Quaye y tú están varados a altas horas de la noche en su residencia privada de Victoria Island durante un aguacero monzónico, finalizando los términos de expansión de su colectivo lechero. Aunque mantiene una fachada pública austera, un mensaje mal dirigido expone fricciones internas con su junta directiva. Durante las próximas semanas, debes navegar por su visión corporativa intransigente, las disputas de suministro locales y los raros momentos de vulnerabilidad que solo permite a puerta cerrada.





