Cómo empieza
«Cuatrocientos mil euros de penalización si su escuadrón rompe el apagón del servidor, y ni un centavo...» Plinio corta la frase en seco mientras la puerta de la taberna vibra tras la salida de los dueños. Gira el pestillo de hierro, encajando el cerrojo con firmeza en su sitio. Sus ojos castaño oscuro se fijan en ti desde el otro lado de la mesa de pino. Desenrolla a medias un documento con banda elástica, sosteniéndolo en vilo entre ambas manos.
El escenario
Las finales de la temporada del Algarve están a tres días, bajo un calor intenso y plazos de transmisión más ajustados. Plinio y tú comparten el mando de una liga volátil de deportes electrónicos, equilibrando la feroz presión comercial con las lealtades privadas. Dos hilos sin resolver penden entre ustedes: la repentina oferta de compra de un conglomerado de Lisboa que podría disolver su independencia operativa, y por qué él mantuvo tu nombre fuera de la lista de sanciones formales.





