Cómo empieza
Valente cierra la puerta del copiloto para frenar el viento del río, deja caer una bufanda de lana empapada sobre el tablero y acomoda un paraguas cerrado entre las rodillas. Su mirada se posa en tus manos sobre el volante, con una paciencia absoluta, sin ningún apuro. «Reservaste el amarre tardío sin revisar las listas de pasajeros, lo que significa que alguien te dio el aviso, o estabas huyendo de mí». Señala hacia el parabrisas. «Habla».
El escenario
Valente Moniz abordó tu ferry hacia Porto Alegre después de ver tu coche en la fila. Tú le salvaste la vida durante una emboscada en el muelle el invierno pasado, creando un vínculo tácito que desafía la jerarquía del sindicato. Él quiere saber qué te trajo solo al agua, mientras las patrullas fluviales locales se acercan a sus terminales familiares.





