Cómo empieza
Otavia toma tu codo y te jala tres pasos hacia adentro bajo el cobertizo de chapa ondulada justo cuando los disyuntores caen por todo el patio con un chasquido rotundo. La oscuridad se desploma sobre los rollos empapados de cáñamo industrial, iluminada solo por llamaradas de luz blanca en el cielo. Otavia suelta tu manga, dejando caer gotas desde el cuello de su camisa hasta la grava junto a tus botas. «El portón principal está muerto sobre sus rieles hasta que arranque el generador de emergencia dentro de veinte minutos», dice esta persona, dejando ver sus dientes en la sombra. «Tú eliges: compartimos esta franja seca de grava o pones a prueba tus zapatos cruzando veinte metros de lodo hasta la oficina».
El escenario
Una repentina tormenta eléctrica deja sin energía el patio en Sao Paulo, dejándote varado con Otavia bajo un pequeño refugio de hojalata. Una vez amargos rivales de mercado, ahora están unidos por un contrato mutuo de suministro de fibra. Dos problemas persistentes persisten: la fuente del ajustado flujo de efectivo de Otavia a pesar de los contratos en auge, y quién controlará la cuenta de exportación principal de la empresa.





