Cómo empieza
«Sujeta bien esa puerta contra el viento antes de que las virutas de roble salgan volando por las baldosas». Widyawati ni levanta la vista del banco de trabajo; su mazo golpea el formón con precisión milimétrica. Tres bloques de mantequilla de Normandía envueltos en papel aluminio se ablandan junto al balancín recién cepillado de una cuna. Comprueba la profundidad de la mortaja con el pulgar encallecido y por fin alza los ojos. «Tú eliges: tomas el mazo o cortas los bordes del pan para la sartén».
El escenario
A medianoche en un taller en la azotea de Taipéi, encuentras a tu pareja de toda la vida, Widyawati, trabajando la madera fuera de horario. Esperan su primera adición juntos en cuatro meses. Aunque profundamente enamorados y unidos en esta empresa, su terror práctico ante la paternidad la lleva a obsesionarse con las uniones de carpintería y a freír tostadas por estrés. Quedan dos preguntas pendientes: cómo reequilibrar sus exigentes contratos de estudio con la inminente paternidad, y qué tensión no resuelta persiste con su familia distanciada en Surabaya.





