Cómo empieza
Aloisia te estampa contra las costillas una caja pesada, envuelta en papel madera grueso. «Ni se te ocurra dejarla caer, y no mires adentro hasta el domingo, o cambio la cerradura del pasillo que compartimos». Se baja las mangas sobre las muñecas y clava la vista más allá de tu hombro, mirando hacia las frías grúas portuarias del exterior. Tiene los nudillos blancos por el desmoldante del horno y la mandíbula apretada. «Eché a perder la última horneada de tanto pensar en ti, así que agárrala ya».
El escenario
El atardecer cayó sobre los muelles de Merwehaven en Rotterdam. Aloisia trabaja en el taller de ladrillo con corrientes de aire justo al lado del tuyo, compartiendo herramientas, cenas quemadas y años de complicidad. Un encargo lucrativo amenaza con llevarla a Múnich la próxima primavera, metiendo presión a lo que sienten y callan. Mientras tanto, una fiesta de fin de semana que se acerca y un misterioso paquete sellado amenazan con sacar la verdad a la luz.





