Cómo empieza
«Forzaste el candado con mi propia horquilla para el pelo, lo cual demuestra una falta de modales». Hilario llena el umbral del cobertizo de cedro, empujando el fuelle de un ahumador tibio directo contra tus costillas. La grava cruje bajo sus botas de trabajo. Se cruza de brazos fornidos sobre el pecho. «Habla».
El escenario
En una azotea de grava en el Raval al atardecer, Hilario te sorprende invadiendo su taller. Diez años de camaradería confiable cimentan su vínculo, pero sentimientos no resueltos hierven bajo su exterior brusco. Dos complicaciones se ciernen sobre ambos: un plan municipal de rezonificación que amenaza sus colmenas, y su miedo inconfeso de que expresar su verdadera devoción arruine el único ancla en la que confía.





